Relato – La caja de cigarrillos en el invierno Aleman

Relato – La caja de cigarrillos en el invierno Aleman

[Fuente](https://forum.paradoxplaza.com/forum/index.php?threads/hoi-tgw-la-guerra-para-terminar-con-todas-las-guerras.179136/page-3)

Luego de cuatro días caminando el pelotón estaba exhausto, sin embargo no tenían más remedio que seguir, la retirada era la última esperanza que tenían, las tropas aliadas seguían su avance de contra ataque recuperando territorio y el mariscal había ordenado reagruparse en el borde de la línea maginot para tratar de repelerles y frenar su avance hasta Berlín.

Caminar, caminar en el barro, cavar un hueco en la noche para dormir conservando el calor, comer nada y seguir. A eso se había reducido vivir en ese gélido invierno.

Lejos estaba aquella prometedora primavera de Victorias, incluso el triste verano que marcó el comienzo de la derrota.

París, las noches en la ciudad… Hoy solo quedaban las interminables horas de marcha bajo la nieve y las botas rotas hundiéndose en el fango que se formaba al marchar la columna.

El pueblo quedaba una cerca, pocas horas de marcha más y podría volver a lo que les gustaba, trabajar solo, él y su vigía eran unos de los equipos de avanzada.

Al amanecer se separaron de la columna, avanzarían sigilosamente fuera del camino entrando al poblado para asegurarse de que era seguro.

Ya a lo lejos veía la aguja de la Torre de la iglesia, punto favorito de observación pero la descartó inmediatamente, aún desde la distancia se apreciaba que aunque en pie, había sido alcanzada por el bombardeo.

No me quedara otra que encontrar otro punto de ventaja pensó. Detestaba adentrarse en poblados, nunca se sabía que rata judía podía estar al acecho, o algún moro de la resistencia de Argelia, los más peligrosos de las fuerzas Francesas.

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A lo lejos vio movimiento entre las ruinas, aún muy lejos para identificarlo, más que verlo fue una percepción de sus agudos sentidos que le habían permitido sobrevivir a todas las campañas.

Siguió acercándose sigilosamente al poblado, buscando y escondiendo las tres marías de su profesión; Silueta, Sombra, brillo… Ha podía distinguir los detalles de la destrucción de los bombardeos, las casas en ruinas, montones de piedra que habían sido hogar de muchas familias, al fondo de la calle, solo dos edificios quedaban en pie, estos representaban la fuente de peligro, si había enemigos, estarían allí, aunque siguió moviéndose cuidadosamente entre los escombros, con cuidado de no causar un desliz de piedra y ladrillo cuyo ruido delataría su posición, pero sin quitar su atención a las ventanas altas de los dos edificios en pie ni de sus tejados.

Aún moviéndose como un gato, cautelosamente vio movimiento en uno de los balcones más bajos.

Rápidamente se agazapo sin hacer ruido, colocó su rifle de asalto a lo largo de su cuerpo y saco un alargado paquete que llevaba en la espalda.

Comenzó a desenrollar la manta de lana que cubría y protegía a su mejor amigo, se aseguró que el mecanismo del Mauser estaba limpio y tiro del cerrojo, la recámara estaba vacía y su superficie pulida le satisfizo e insertando un pequeño cargador, desplazo el cerrojo hacia adelante y hacia atrás para que una bala entrase en la recámara.

Extendió el bipode y lo posó suavemente sobre los escombros, con ambos ojos abiertos, acerco el derecho a la lentilla telescópica y empezó a barrer cuidadosamente cada ventana de ambos edificios.

Unas plumas de humo se veían desde un balconcete del de la izquierda. Lamentablemente desde el punto donde estaba no tenía ángulo para ver más.

Concentró su exploración en las ventanas del edificio derecho, allí encontró una figura humana manoteando, una mujer, en harapos, hacía señas violentas hacia el otro edificio, de donde venían las volutas de humo.

Descartó a la mujer como blanco por considerarla inofensiva, le preocupaba el manoteo, era poco probable que le hubiera visto, pero definitivamente ambos edificios estaban ocupados.

Decidió dar un contorno y buscar una nueva posición desde la que obtener ángulo para ambas construcciones.

Retrocediendo cautelosamente Mauser en una mano y fusil de asalto en la otra se arrastró hasta encontrar media pared en pie que le permitía ver el balconcete de la izquierda.

Se volvió a colocar en posición, el bipode extendido ha con una bala en la recámara y 4 más en el cargador, ambos ojos abiertos, movió el Mauser y su mirada hasta encontrar lo que buscaba, el origen del humo.

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Un hombre fumando tranquilamente, con mirada perdida, reflexionando… Quitó el seguro y su dedo acarició el guarda gatillo, deslizándose hasta que se posó en el gatillo, comprobó el ligero juego al cual estaba acostumbrado y respirando pausadamente, con la boca abierta para que el ruido de su respiración no ocultara los ruidos de su entorno, aumento la presión sobre el gatillo de manera controlada.

Al mismo tiempo que el proyectil supersónico salía del cañón e cuestión de milisegundos, ajusto su objetivo y apunto al edificio de la derecha.

Su miraba llego justo en el momento en el que el primer proyectil impactaba o así lo asumió al ver la carta de miedo y sorpresa de la mujer.

Tirando del cerrojo de manera casi mecánica, sin pensar, pura memoria muscular, exhalando acarició de nuevo el gatillo, esta vez dejando la mira para asegurarse de que la bala llegaba al blanco, más tarde haría dos nuevas marcas en la culata del Mauser. Hacía tiempo la regla de solo marcar los soldados deshabilitados había sido reemplazada y marcaba cada vida humana o animal que el rifle le permitía quitar.

Sintió una satisfacción casi orgásmica al ver la bala penetrar y ver caer el cuerpo sin vida de la mujer. Se permitió un segundo de contemplación y luego comenzó a explorar con la mira cada una de las ventanas buscando reacciones defensivas, algún otro signo de vida en ambos inmuebles.

Al no encontrar guardo cuidadosamente el Mauser en su manta, mientras tonto, su vigía que había quedado atrás cubriendo la retaguardia llegó alertado por el ruido de los disparos del Mauser listo para proteger al francotirador en caso de combate cercano.

No pasa nada, le dijo a través de señales, dos civiles en los edificios, no hubo reacción y no hay más movimiento, acércate con sigilo.

Mientras su vigía se acercaba, saco los binoculares y continuo buscando movimiento sombra o silueta en las ventanas.

Cuando sintió los pasos cercanos detenerse y el suave ruido de los escombros indicando que Otro estaba en posición de combate a su lado le dijo con su acento Alsaciano: vamos a entrar, avanzaremos hasta aquellos escombros, allí tú me cubrirás y yo ingresaré al edificio de la derecha subiré balconcete y desde allí podré cubrirte para que entres y limpies el resto del piso.

Al final no encontraron nada ni nadie en el edificio de la derecha, al hurgar en los bolsillos del judío muerto, Otto encontró la caja de cigarros y algunos fósforos sueltos.

Se la guardo en la chaqueta llena de barro y procedieron a entrar en el otro edificio el cual estaba vacío, a excepción de dos niños en el apartamento donde estaba la mujer muerta y desde dónde soñaba una melodía de Chopin sin cesar, proveniente de un desvencijado fonógrafo.

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Los niños estaban aterrorizados en una esquina sollozando.

Otto y el francotirador decidieron ignorarlos, concentrándose más bien en las latas de comida y otros tesoros que parecían caídos del cielo.

Algo molestaba a Otto, no entendía como el disco seguía sonando en ese viejo fonógrafo de cuerda.

Más tarde, el comandante decidiría que hacer con los niños.

Mientras Otto procedía a sentarse con una lata de alubias abierta, el niño le dijo en fluido Alemán: ¡Ella es judía! Yo no lo soy, ¡quiero aprender a disparar!

Otto miro al francotirador, quién sonriendo desenfundó su Luger P08 y tendiéndosela al niño luego de haberle quitado el seguro, le dijo: cuidado con el retroceso sostenla fuerte.